Desde el mirador del otero

Al frente el puerto de los sanos, y detrás las peñas, entre ellas, la Pelada, que guardaba la cabaña del Hoyo de Castrejón, en la que el viejo soldado pasó su juventud hasta que, harto de repetir cuestas y cuévanos, se enroló, hace ya muchos años, en la Marina.

Tras su última singladura, quedó recluido con una incurable infección. Sin esperanza, solo tenía la contemplación de la bahía en espera de su fin.

De surada a tronada, cada día miraba desde Astillero a Pedreña, envidiando el bullicio de los hombres libres del otro lado.

Con su mano en el bolsillo tocaba las monedas de su soldada, ahorros de toda su vida, y la pequeña bellota que cogió cuando pastor, en el Hoyo del Cantal y que, como talismán, siempre llevó en su chaquetilla de soldado.

Y tal como sucedió con el tesorillo de Ambojo, enterró las monedas y la semilla.

En el Mirador del Otero de Pedrosa crece una encina. Si miráis sus hojas, veréis que son las más brillantes de todo el jardín. Chupan sus raíces el recuerdo y el metal de las monedas de Hilario, el soldado meracho del Hoyo de Castrejón.

Primer premio del certamen de relatos cortos con motivo de la inauguración de los jardines de la isla de Pedrosa.
Promotor: Ayuntamiento de Marina de Cudeyo.
Septiembre de 2011

Texto: Jesús Alfonso Redondo Lavín
Ilustración: Jesús Redondo Román
Jardinero: Juan Morán

Se armó el Belén

La pasada Navidad, a la entusiasta asistente social del centro de reinserción del barrio, se le ocurrió recrear un Belén viviente con la participación de los marginales asiduos al centro.

Para el papel de Virgen María, escogieron democráticamente a la Charo, joven practicante de la vida erróneamente calificada como alegre, por su melena rubia; sin que a nadie le importara que fuera teñida. Y para San José, a Benito, alcohólico poco anónimo reconvertido en jardinero. Los ángeles y pastores, se fueron distribuyendo entre los chavales de la calle: ladronzuelos, pícaros y/o traficantes de hachís.

Como no contaban en la plantilla con ningún niño, hacía las veces de Jesús, la pequeña hija de Marta, la limpiadora del centro. Total, vestida de arriba a bajo, no se iba a notar la diferencia.

El portal había quedado de lo más propio. Se esperaba la visita de las autoridades, que, como es natural, llegaron con una hora de retraso.

Cuando al fin aparecieron, los actores daban ya muestras de cansancio. Los ángeles habían comenzado a insultar a los pastores y éstos, les lanzaban parte del atrezzo. El ángel suspendido sobre el portal con una cuerda, juramentaba a gritos para que le bajaran y poder así participar en la naciente pelea.  La Virgen, al sentirse contemplada por tantos hombres importantes, comenzó a hacer guiños y gestos obscenos con el fin de aprovisionarse una nueva clientela vip. San José trastabillaba por el escenario entre hipos y risas flojas, porque para sobreponerse al cansancio sobrevenido por permanecer de pie derecho, le había estado dando al tintorro que escondía detrás del pesebre.

Melchor había hecho “mutis” con el oro, mientras Gaspar y Baltasar se liaban unos porros con el incienso y la mirra.

La niña Jesús, comenzó a berrear pidiendo el alimento que ya le tocaba, y su madre, ni corta ni perezosa, subió al escenario y, levantando a la Virgen de su silla, se puso a darle de mamar mientras le cantaba “Arriba cachipurriana” su canción favorita.

 

De resultas del inopinado espectáculo, la asistente social fue despedida de su puesto y ahora se dedica a cultivar con la misma vehemente pasión, un huerto de verduras ecológicas. Las autoridades retiraron la subvención de folclores al centro de acogida, para dedicarla estas Navidades, a la compra de un abeto gigante que engalana la plaza del pueblo con sus luces y sus bolas.

Todos los vecinos reconocen que queda muy bonito, pero cuando se juntan en corrillos, no dejan de decirse unos a otros: “Donde esté un buen Belén”…

P@

Desahucios

Hoy ha amanecido el día con un sol vivo y alegre, el bendito sol de invierno. La mañana parece un cristal amarillo, brillante bajo sus rayos dorados. Pero ella no podrá verlo.

Su cuerpo, roto sobre la acera se ha convertido en un símbolo. Su boca sin voz, ha sido capaz de lanzar un grito, altavoz de otros gritos de tantos derrotados por estos tiempos de crisis y de desesperanza.

No pudo más, quiso proteger a alguien que quería, y ella misma quedó desprotegida. Sin solución, sin hogar, con la desesperación como horizonte, quiso poner fin a ese tormento in asumible

Ha sido la espita que prendió la mecha, la gota que colmó el vaso, y ahora los representantes de los ciudadanos se sientan, por fin, para buscar una salida a los desalojos. La pluma con que firmen sus acuerdos llevará tinta de sangre.

P@

Tormenta

Hay días en que la atmósfera se vuelve iracunda como si se hubiera cansado de su propia bonanza: el sol se esconde tras una neblina ardiente y a través de ella nos envía sus rayos furiosos, el aire se paraliza,  cargado de energía mineral,  esperando el inevitable desenlace. Entonces, ocurre. El viento agita todo lo que encuentra a su paso, y el agua se derrama. Las gotas de lluvia se precipitan en loca carrera para golpear la tierra. En el mar, brincan antes de convertirse, ellas mismas, en marinas.

¡Qué hermoso espectáculo para contemplar refugiados! En la montaña, los truenos amenazan como si fueran la misma voz de Dios, y los rayos, parecen querer descargar su ira contenida. Es preciso ponernos a cubierto, correr, correr, hasta encontrar algún amparo que nos oculte de su furia.

El olor de la tierra mojada, penetra en nuestros recuerdos ancestrales. Olor a final del verano de la infancia, a risas compartidas, a primer amor bajo los soportales.

Después llega la calma a nuestros corazones, como si nosotros mismos hubiéramos descargado la tormenta.

P@

Viaje de novios tres estrellas

“Blaaanca y radiaaante va la nooovia…” Se escuchaba la canción cuando la pareja de novios se acercó al altar. Se habían disfrazado para la ocasión. Ella llevaba un vestido blanco impoluto, tipo princesa de cuentos, que disimulaba muy mal su embarazo de ocho meses. Él iba embutido en un frac alquilado . El cura no se explayó mucho y les casó rápidamente, pues, como todos los invitados, lo que quería era dirigirse al banquete-comilona previsto.

Al día siguiente, los novios partieron de viaje hacia Benidorm. Habían elegido un coqueto hotel de tres estrellas cerquita de la playa.

Después del pesado viaje en coche, ella no se encontró muy bien. Al llegar a la habitación, empezó a tener fuertes contracciones, hasta que de repente gritó:”¡He roto aguaaas!”.

No hubo tiempo de desplazarse. Alertados por los gritos, acudió el personal del hotel y más tarde un médico.

Y fue allí, en la cama de una habitación de un hotel de tres estrellas de Benidorm ,donde nació su primer hijo. El marido se quedó perplejo al contemplar al recién nacido; no es que el niño no estuviera sano, que lo estaba y además guapísimo; era su color lo que le extrañaba. Caviló un rato y se acordó del joven africano que, unos meses antes, solía pasear por el pueblo.

Miró al bebé, miró a su mujer un poco cortada y exclamó:”¡Caray!¡Qué bronceado nos llega el mozo!”.

Y los dos se echaron a reír.

Amélie

Como novios

Caminan de la mano, como novios

el lleva un poco ladeada la cabeza,

la mano de ella atiende

cualquier signo, como si no acogiera

otra cosa que un pájaro pequeño.

La misma mano que limpia la saliva

de su boca entreabierta.

Lo ama con amor tan inmenso

como el tiempo que dista a las estrellas.

Él busca su cobijo en la sonrisa

que le dedica ella.

No entiende otro color que el color de sus ojos

ni otra geografía que la tierra

que sus pasos recorren.

Lo ama desde que dentro de su vientre

sintió crecer, rota, la primavera.

P@

Abuelo

No podía imaginar que la felicidad pesara poco más de tres kilos. Que la perfección se encontrara en la minúscula uña del dedo de un pie. Que la paz habitara dentro del sueño sosegado de mi nieta. Mi nieta. Dos palabras mágicas que hoy, por fin, se han encarnado en el cuerpo tibio y sonrosado que ahora contemplo.

 Más tarde llegarán el llanto y la sonrisa, los paseos juntos (yo, orgulloso, ella descubridora del mundo desde su sillita), las papillas de frutas y los primeros pasos, pero ahora sólo quiero contemplarla mientras siento, que las lágrimas pugnan por desbordar mis ojos cansados. Sólo quiero disfrutar de este momento. Mi felicidad hoy se llama Silvia.