El niño Neptuno

Cuando una crisis económica echa a rodar, uno no sabe todo lo que puede arrollar bajo su peso. Hoy le toca el turno ¡qué inimaginable! Al Neptuno niño que desde su altura, contemplaba la santanderina playa del Camello. El camello, propiamente dicho, permanece ahora desolado sin su compañero de tantos años, ya que gracias a su estructura rocosa no necesita reparaciones o recreaciones humanas. No así la carne de metal deteriorada, del pequeño dios, víctima de la falta de acuerdo, por motivos económicos, entre su padre y creador y el Ayuntamiento de Santander. Ahora, ya sin brazos, condenado a una muerte lenta dentro de un almacén de derribos, el niño Neptuno será pronto olvidado por quienes levantaban la vista para saludarle al visitar la playa. Será un desconocido para las generaciones futuras, desconocedoras de su presencia.

Parece una metáfora de los tiempos que corren: poco a poco nos iremos acostumbrando a la desaparición de las estructuras que garantizaban nuestro bienestar. La sanidad, las escuelas, la cultura… tantas cosas que no volverán a ser las mismas en una sociedad que parece desmoronarse, sin que podamos o sepamos remediarlo, como el frágil cuerpo de un dios niño.

P@

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