Ryanair

Viajar con Ryan Air o no viajar, esa es la cuestión. Es el dilema a que nos vemos sometidos los pasajeros de aeropuertos pequeños o de pequeños recursos, que en mi caso, lo mismo da.

Después de haber paseado mi juanete en calcetines por imperativo legal y de haber introducido mi maleta, con el bolso dentro, en ese artefacto con el que pretenden descubrir y castigar al moroso que pretenda colar un equipaje de mano, de mayores dimensiones que las permitidas, pude acceder al asiento, que me esperaba dentro del avión low cost.

Ya acomodada, donde la palabra acomodo, no tiene nada que ver con el concepto “comodidad”, y esperando el siempre inquietante despegue, descubrí tiradas por el suelo unas uñas de manicura francesa. Cómo se las gastan aquí- me dije a mi misma,-parecen los restos, que han dejado sin limpiar, de alguna pasajera díscola.

Así que cuando pasaron las azafatas ofreciendo comestibles y bebestibles de pago, me pedí un sándwich de jamón y queso y una coca-cola, no fueran a pensar que yo también pudiera ser merecedora de algún castigo. Reconocí que el sándwich no estaba nada mal y, haciendo gala de mi inesperada mansedumbre ante los deseos del dominante colectivo de la compañía aérea, decidí comprar tres papeletas de las que ofrecieron durante el trayecto para el sorteo de no sé qué cantidad de dinero y otras maravillas, a favor de alguna ONG que patrocinan. No hace falta decir que no me tocó nada.

En el viaje de regreso, ya no había resto humano alguno por el suelo, pero el rostro grande y cuadrado de labios enormemente coloreados de rojo y ojos inquisitivos de la azafata de turno, me recordó al de la jefa de los extraterrestres de una serie televisiva de mi infancia, y temí que en algún momento, ante mi negativa al dispendio que me proponía, se levantara la máscara y apareciera ante mi, con su verdadero aspecto de lagarto gigante. Ni que decir tiene que le pedí un café expreso con galletas y posteriormente una crema definitiva para prevenir las arrugas de expresión.

Así que ahora estoy deseando volar en avión no por el placer absurdo del viaje, sino por formar parte, mediante el consumo de sus productos, de esa gran compañía. Sólo de pensarlo, la emoción me nubla los ojos. Amo al Ryan Air.

P@

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s