Angel y Paquita

-No merezco todo lo que haces por mí.

-Tú, te lo mereces todo.

Y la besa con ganas en la mejilla. Ángel la besa y le dice que no hay nada que le aparte de su lado, precisamente ahora que quieren mandarle lejos, a una residencia de Laredo. Son solo unos kilómetros de distancia, pero significan la imposibilidad de verla todos los días, de pasear con ella cogidos de la mano.

No han necesitado firmar unos papeles para quererse, porque esa amistad les ha surgido tarde, en una edad en la que se entienden ya olvidados los deseos de amor.

Van a cerrar la residencia que ha sido el hogar de muchos ancianos, por motivo, dicen, del deterioro de sus instalaciones. No hay dinero, dicen, para su reparación, por causa de la crisis que se lleva todo por delante. Sin embargo, detrás de las excusas, se esconde la sospecha de su reconversión en hotel de lujo. Demasiado cerca de las playas, es su pecado.

Paquita contempla orgullosa a su caballero andante, ese hombre que resiste en la residencia desahuciada, en la espera de que le concedan una plaza en Santander. Por ella, por sus confidencias, sus paseos, sus caricias y el calor que le hace otra vez joven, cuando está a su lado.

P@

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