Las antiguas maestras

Sería muy difícil hablar solo de una maestra que dejara un recuerdo grato en mi memoria, pues acudí a tres escuelas en mi niñez y adolescencia. En ellas, conocí y dejaron huella en mí, tres estupendas mujeres muy distintas las tres.

La primera fue Doña Pura, en la escuela de la Calle Numancia, que fue mi maestra de 4º grado. Recuerdo de ella, que, todo lo que tenía de voluminosa –pues no sé si era muy grande, o yo muy pequeña- lo tenía de inteligente y bondadosa. Tenía una paciencia envidiable con todas las alumnas y nos hacía entender todo lo que nos explicaba. Creo que fue mi mejor maestra.

La segunda era una monja que se llamaba Madre Nolasco. Era gallega y, a veces, cuando nos estaba explicando alguna lección, se nos iba al idioma gallego, y ya no entendíamos nada; y se daba cuenta porque nosotras nos poníamos a reír. Creo que, de todas formas, no podía enseñarnos mucho, pues en aquel tiempo, a las monjas, les permitían dar clase sin tener estudios, así que yo creo que aprendíamos todas con la enciclopedia ÁLVAREZ, incluida la monja.

A la tercera, Doña Matilde, la recordaré siempre por su carácter y amor a la enseñanza. Era la clásica maestra enérgica y seria: sabía decir las cosas que te enseñaba con mucha determinación.

Yo, además, le quedé muy agradecida pues, me admitió a la escuela nocturna sin tener 14 años.

He tenido muchas maestras más, pero mi recuerdo es para estas tres.

 Cionín.

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