Mi niñez y adolescencia

Nací en una familia numerosísima de 11 hermanos, en un barrio humilde de Santander. En mi calle, se podía jugar a todas horas pues estaba en el extrarradio, apenas había circulación, lo más que pasaban, eran burros con sus dueñas encima a repartir leche o llevar hortalizas a vender al mercado.

Como os digo, nuestros juegos eran todos en la calle: canicas, comba, chapas, a esconderse, al pañuelito, y otros.

Yo nunca tuve una muñeca hasta que aprendí a hacerlas de trapo. Por otro lado, en casa, con tantos hermanos, nos divertíamos mucho, pues cada uno tenía unas habilidades, y lo pasábamos bien sin juguetes.

De 4 a 8 años, fui a la Escuela Pública de Numancia, donde cada mañana nos daban de desayunar después de cantar el “Cara al Sol” formados en la entrada. Recuerdo que venían unas señoritas de la Sección Femenina y lo hacíamos con ellas, y ¡pobre la que no levantara bien el brazo!, te daban unos manotazos y te lo ponían bien alto.

De 8 a 10 años, fui a una escuela de monjas, donde cambié el “Cara al Sol” por rezar todos los días el rosario, pero además, las monjas nos mandaban a las mayores, entre las que me encontraba yo, a limpiar la capilla mientras rezábamos (ya sabéis, aquello de: ora y labora).

En esta clase hice con la enciclopedia Álvarez, el ingreso de Bachiller. Las monjas daban dos becas para que las niñas pobres estudiaran con las ricas (como nosotras las llamábamos) y una fue para mí.

Pero toda mi alegría se truncó cuando llegué a casa y se lo dije a mi madre, pues la condición que me ponían era hacerme el uniforme y comprarme la capa, los libros me los proporcionaban ellas, de las que pasaban de curso.

Pero aún así, no pudo ser y mi frustración fue tremenda, pues siempre he tenido mucho interés en aprender. El problema era que tenía 7 hermanos delante y 2 detrás. Por supuesto ninguno estudió más que escolaridad, había que terminar la escuela primaria e ir a trabajar. Yo lo hice a los 11 años.

Así que he puesto todo mi empeño en que lo hicieran mis hijos, cosa que he conseguido a medias. Hoy sigo haciendo lo mismo con mis nietos.

 Cionín

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Un pensamiento en “Mi niñez y adolescencia

  1. ¡Qué grande Cionín y qué valiente!. Gracias por dejarnos el testimonio de tu vida, parecida a la de muchos de tu generación. Recibe un cálido abrazo.
    Amélie.

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