Se armó el Belén

La pasada Navidad, a la entusiasta asistente social del centro de reinserción del barrio, se le ocurrió recrear un Belén viviente con la participación de los marginales asiduos al centro.

Para el papel de Virgen María, escogieron democráticamente a la Charo, joven practicante de la vida erróneamente calificada como alegre, por su melena rubia; sin que a nadie le importara que fuera teñida. Y para San José, a Benito, alcohólico poco anónimo reconvertido en jardinero. Los ángeles y pastores, se fueron distribuyendo entre los chavales de la calle: ladronzuelos, pícaros y/o traficantes de hachís.

Como no contaban en la plantilla con ningún niño, hacía las veces de Jesús, la pequeña hija de Marta, la limpiadora del centro. Total, vestida de arriba a bajo, no se iba a notar la diferencia.

El portal había quedado de lo más propio. Se esperaba la visita de las autoridades, que, como es natural, llegaron con una hora de retraso.

Cuando al fin aparecieron, los actores daban ya muestras de cansancio. Los ángeles habían comenzado a insultar a los pastores y éstos, les lanzaban parte del atrezzo. El ángel suspendido sobre el portal con una cuerda, juramentaba a gritos para que le bajaran y poder así participar en la naciente pelea.  La Virgen, al sentirse contemplada por tantos hombres importantes, comenzó a hacer guiños y gestos obscenos con el fin de aprovisionarse una nueva clientela vip. San José trastabillaba por el escenario entre hipos y risas flojas, porque para sobreponerse al cansancio sobrevenido por permanecer de pie derecho, le había estado dando al tintorro que escondía detrás del pesebre.

Melchor había hecho “mutis” con el oro, mientras Gaspar y Baltasar se liaban unos porros con el incienso y la mirra.

La niña Jesús, comenzó a berrear pidiendo el alimento que ya le tocaba, y su madre, ni corta ni perezosa, subió al escenario y, levantando a la Virgen de su silla, se puso a darle de mamar mientras le cantaba “Arriba cachipurriana” su canción favorita.

 

De resultas del inopinado espectáculo, la asistente social fue despedida de su puesto y ahora se dedica a cultivar con la misma vehemente pasión, un huerto de verduras ecológicas. Las autoridades retiraron la subvención de folclores al centro de acogida, para dedicarla estas Navidades, a la compra de un abeto gigante que engalana la plaza del pueblo con sus luces y sus bolas.

Todos los vecinos reconocen que queda muy bonito, pero cuando se juntan en corrillos, no dejan de decirse unos a otros: “Donde esté un buen Belén”…

P@

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