Desde el mirador del otero

Al frente el puerto de los sanos, y detrás las peñas, entre ellas, la Pelada, que guardaba la cabaña del Hoyo de Castrejón, en la que el viejo soldado pasó su juventud hasta que, harto de repetir cuestas y cuévanos, se enroló, hace ya muchos años, en la Marina.

Tras su última singladura, quedó recluido con una incurable infección. Sin esperanza, solo tenía la contemplación de la bahía en espera de su fin.

De surada a tronada, cada día miraba desde Astillero a Pedreña, envidiando el bullicio de los hombres libres del otro lado.

Con su mano en el bolsillo tocaba las monedas de su soldada, ahorros de toda su vida, y la pequeña bellota que cogió cuando pastor, en el Hoyo del Cantal y que, como talismán, siempre llevó en su chaquetilla de soldado.

Y tal como sucedió con el tesorillo de Ambojo, enterró las monedas y la semilla.

En el Mirador del Otero de Pedrosa crece una encina. Si miráis sus hojas, veréis que son las más brillantes de todo el jardín. Chupan sus raíces el recuerdo y el metal de las monedas de Hilario, el soldado meracho del Hoyo de Castrejón.

Primer premio del certamen de relatos cortos con motivo de la inauguración de los jardines de la isla de Pedrosa.
Promotor: Ayuntamiento de Marina de Cudeyo.
Septiembre de 2011

Texto: Jesús Alfonso Redondo Lavín
Ilustración: Jesús Redondo Román
Jardinero: Juan Morán

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s